viernes, 13 de abril de 2018

El tiempo suspendido




De entre todos los relatos en los que aparece el tema del tiempo mágico quizás el más conocido sea el Cuento XI del libro del Infante Don Juan Manuel, el Conde Lucanor, titulado"Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, el mago de Toledo ". Tanto en su versión primera como en la no menos conocida reelaboración de Jorge Luis Borges - El brujo postergado-  en su Historia Universal de la Infamia.

El relato - o exempla- viene a contar, resumidamente, que:

" Cuentan que en otro tiempo habitaba en Toledo, un sabio experto en todas las artes, llamado Don Yllán, cuya fama se extendió hasta muy lejos.

Una noche se encontraba en su alcoba leyendo unos antiguos infolios. Esperaba la cena, unas perdices que su sirviente había preparado, cuando oyó que alguien llamaba a la entrada. Don Yllán no aguardaba a nadie pero cortésmente indicó al criado que abriera la puerta.

El invitado se presentó. Se trataba, dijo, del deán de la catedral de Santiago, que había escuchado acerca de la sabiduría del primero en las artes mágicas y había viajado hasta la ciudad de Toledo. Venía a expresarle el deseo de convertirse en su discípulo para aprenderlas.

Don Yllán le escuchó atentamente y contestó al cabo:

-      Os he oído. Una objeción tengo que haceros. Y es que temo que después de haber aprendido la ciencia os olvidéis de quien os la ha enseñado y no sepáis recompensarle. La ingratitud es una virtud frecuente.

El deán de Toledo replicó con encendidas protestas y expuso al sabio el sincero anhelo de convertirse en su aprendiz, argumentando que sabría galardonar con creces a quien tanto le había de revelar.

-      Bien, sea entonces - repuso Don Yllán.

Y haciéndole un gesto le invitó a que bajara a su cámara privada, donde podría mostrarle las artes mágicas.

Antes de descender al gabinete indicó al criado que guardara la cena que había empezado a preparar.

Entonces comenzaron a bajar por una escalera oscura que al deán le pareció interminable. Descendieron innumerables escalones, tantos que parecía no iban a acabar nunca. En algún momento creyó escuchar el rumor del Tajo por encima de ellos.

Por fin alcanzaron la cámara, amplia y repleta de libros y dibujos indescifrables, y don Yllán comenzó a instruir a su solicitante. 

Se hallaban los dos en el vasto gabinete cuando llegaron unos mandaderos de la catedral de Santiago. Traían cartas que decían que el arcediano de la iglesia había fallecido y proponían al deán para que ocupara su puesto. Don Yllán le pidió entonces al deán el anterior cargo para un sobrino suyo.

-      No puedo acceder, puesto que se lo he prometido a un mi cuñado. Pero acompañadme a Santiago que allí os recompensaré con un cargo mejor.

Don Yllán asintió. Partieron ambos a Santiago.

Al cabo del tiempo llegaron unos nuevos mandaderos para el arcediano. Había fallecido el obispo de Astorga y proponían a éste para que ocupara el obispado.

Don Yllán le pidió entonces el cargo de arcediano vacante para su sobrino.

-      Esta vez no os lo puedo conceder, puesto que un pariente mío estaba ya señalado para el mismo. Pero venid conmigo a Astorga, donde os sabré favorecer.

Don Yllán, aunque a regañadientes, accedió de nuevo y partió con el reciente obispo hacia su nueva sede.

Después de un tiempo llegaron otros mensajeros. Había fallecido el cardenal de Tolosa y proponían al obispo para que ocupara la cátedra. Tras un breve discurso, éste aceptó.

Don Yllán le solicitó entonces el obispado que había quedado vacante para su sobrino. Pero el nuevo cardenal dijo que no se lo podía conceder, puesto que se lo había otorgado ya a un favorecido suyo. Que le acompañara a su reciente sede, que allí le favorecería.

El sabio no tuvo más remedio que partir con el nuevo cardenal hacia Tolosa.

Se encontraban allí cuando llegó a todos la noticia de la muerte del Papa en Roma. Don Yllán se dispuso a acompañar al cardenal para la celebración del cónclave en la Ciudad Santa. Después de las acostumbradas deliberaciones en la Capilla, el antiguo deán resultó elegido para el papado. Tras felicitarlo, Don Yllán le solicitó el cargo de cardenal que había quedado vacante.

El nuevo Papa montó entonces en cólera y le repuso a Don Yllán que bien sabía él que era brujo y nigromante y que ejercía las artes mágicas en su ciudad de Toledo. Que no le apremiara más, objetó, que si no le haría prender por astrólogo y mago, y que regresara a Toledo con bien, pues si no lo habría de lamentar.

-      Pues por lo menos dadme algo de comer para el regreso – arguyó Don Yllán.

El Papa se lo negó.

-      Pues entonces tendré que cenar las perdices que había preparado para esta noche.

Al punto se encontraron de nuevo en la entrada de la casa de Don Yllán, en la misma alcoba donde el deán había solicitado al sabio el aprendizaje de las ciencias mágicas. El deán, de pronto abochornado, se despidió del sabio, que lo acompañó con cortesía a la puerta y lo dejó marchar con un distante saludo.

No le invitó a cenar. Las perdices, que el criado trajo a la sala, estaban todavía calientes. "


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El relato del mago don Yllán se inscribe en una larga tradición en torno al tema del "tiempo suspendido". Curiosamente no existe unanimidad en la crítica acerca del origen del apólogo del Libro de los Enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio. Marcelino Menéndez y Pelayo apunta que el cuento se encontraba en una recopilación árabe de relatos - de origen en la tradición persa e incluso hindú - titulada " Los 40 días y las 40 noches". Otros autores han señalado la influencia de los exempla latinos en el infante Juan Manuel. O de las fábulas de Esopo. 

En torno a la misma época, un escritor judío, Isaac Ben Salomon ibn Sahula, (n. 1244) poeta y cabalista de la ciudad de Guadalajara, habría publicado en su Mesal Hagadmoni   ( o Cuentos del Anciano) un relato de estructura similar, en donde un joven viajaba de Jerusalén a Egipto para aprender las artes mágicas. En el cuento, después haber accedido, gracias al aprendizaje de un maestro del El Cairo y a su propia insolencia, a la corte de Bagdad - llegando a casarse con la hija del Califa - el presuntuoso aprendiz se encontrará de pronto en una profunda cueva, donde descubre, atónito, que el tiempo no ha transcurrido y aún depende de la hospitalidad que el sabio cairota le había otorgado sin preguntar. Y a la que él no había respondido sino con desdén y desmemoria.

En torno a los dos relatos - que apenas difieren en las fechas - se ha señalado en otro lugar la influencia nada menos que de una conocida leyenda japonesa, la del pescador Urashima Taró, al cual le es concedido visitar el palacio del Rey Dragón - Ryugu-Jó - el mítico lugar encantado al fondo del Mar de la China.

Enamorado de la princesa hija del mítico soberano, en la leyenda japonesa se nos decía que " Permanece allí tres días, y al regresar a su aldea descubre que han pasado trescientos años". 

La leyenda, recogida en el Otogizoshi ( siglo XV, período Muromachi) debía de ser, sin embargo, muy anterior, remontándose su origen al siglo VIII por lo menos, en el período Nara.

Otro investigador contemporáneo, David Wacks, sin embargo, señala la ausencia en última instancia de antecedentes de los dos relatos, tanto en el Infante Juan Manuel como en el poeta hebreo, apuntando que sin duda estos habría que buscarlos en la tradición oral de Castilla en esos siglos - en la forma tradicional del folktale o relato popular de la época.

Tradición popular o influencia árabe, el tema del "tiempo mágico" había aparecido casi un siglo antes en la conocida figura del noble Ero de Armenteira, recogida en las Cantigas de Santa María del rey Alfonso el Sabio.

En la cantiga CIII se nos relataba cómo Ero, un noble gallego:

" Tuvo cierta noche un sueño en el que la Virgen les decía tanto a él como a su mujer que fundasen un monasterio ".

" Durante su larga estancia en el monasterio el abad [ Ero ] se preguntaba a menudo cómo sería el Paraíso y le rogaba encarecidamente a la Virgen que le dejara verlo. Así pues un día, paseando por los bosques cercanos al monasterio quedó cautivado por el cantar de un mirlo y se sentó bajo un árbol a contemplarlo. Entró en un profundo trance en el que pasó trescientos años y al regresar al monasterio preguntó por los monjes y nadie pudo contestarle. Entendió lo ocurrido y falleció en ese instante a los pies de los nuevos monjes".

El tema del tiempo suspendido señala la irrupción del tiempo mágico en esta otra parte. Su acceso tiene lugar, de pronto, por medio de un encantamiento. O, reiteradamente, por la suspensión que se produce al oír el canto de un pájaro. El universo se abre entonces al tiempo en suspenso. Lejos de la cotidiana condena al tiempo breve, incesante y sujeto a la triste Necesidad, de este lugar.

No era casual la relación, en la conocida Cantiga, de la suspensión del tiempo con la noción del Paraíso - pues que tal es, por un instante, su relación con la otra parte.

" Como Santa María fez estar o monje trezentos anos ao canto do passara,
porque lle pedia que lle mostrasse qual era
o ben que avian os que eran en Paraíso ".

Ni casual el acceso al otro lado en el canto del pájaro. En Las Metamorfosis ya Ovidio relataba cómo al canto de Orfeo se producía la suspensión de la Necesidad.

" Al que tal decía y sus nervios al son de sus palabras movía
exangües le lloraban las ánimas, y Tántalo no siguió buscando, la onda rehuía, y atónita quedó la rueda de Ixión,
ni desgarraron el hígado las aves , y de sus arcas libraron
las Bélides, y en tu roca, Sísifo, tú te sentaste ".

El tiempo mágico aparece ya tempranamente en la leyenda de los Durmientes de Éfeso,  ( s.III ) los jóvenes cristianos que se enterraron en la cueva del monte Anquilo durante la persecución del emperador Decio. Para reaparecer, de nuevo despiertos, siglo y medio después, en el reinado de Teodosio. ( El motivo, por otra parte, ya había surgido en el paganismo clásico, en la Physica de Aristoteles, como los durmientes de Sardes)

La Sura XVIII del Corán recogía la leyenda de origen sirio

" 19. Y entonces les despertamos para que hicieran preguntas.
Dijo uno de ellos: ¿Cuánto tiempo habéis estado?
Dijeron: hemos estado un día  o parte de un día. 

25. Habían estado en la caverna trescientos años y nueve más ".

Un instante y la sucesión se detiene, permitiendo, azarosamente, el acceso a la suspensión del tiempo de la otra parte.

La música, el canto del mirlo -según la repetida tradición - suspenden al oyente. Lo escucha el monje Yves, de Bretaña. El joven Sion ap Shenkin, en Gales.

O el héroe Oisin en Irlanda, la isla extrema , - " Una tierra de niebla y penumbra (...) más allá de cual se encuentra el mar de la muerte" en la descripción homérica - lugar en el que, según revelaba el poeta W.B. Yeats , " en los tiempos pasados ... veíamos dioses en todas partes".

" Oisin, recién llegado de sus trescientos años en el país de las hadas, y del amor que allí existe, ruega a san Patricio que deje sus oraciones por un momento y escuche al mirlo, porque es el mirlo de Derrycarn que Fina trajo de Noruega trescientos años antes, colocando su nido en el roble con sus propias manos".






domingo, 25 de febrero de 2018

Textos para una Exposición




Textos para una exposición.

( Lectura realizada con motivo de la exposición Des/ Tiempo.   Ángeles San José.
Galería Adora Calvo. febrero 2018. )


 La montaña y el agua.

  
      - Bu Yantu  ( early Qing Period, s XVII – XVIII )

“ Todas las cosas, bajo el Cielo, tienen sus aspectos Visible- Invisible. Lo visible es lo exterior, el Yang. Lo invisible es su imagen interior, el Ying. Un Yin, un Yang, es el Tao. Como el dragón que evoluciona en el Cielo. Si muestra su totalidad, sin aura ni prolongación, ¿ Qué misterio puede revestir? Por esa razón, un dragón siempre se oculta tras las nubes.

Acarreando vientos y lluvias, avanza, fulgurante y gira, magnífico (…) El observador, expectante, no podrá jamás verlo entero. Por su doble aspecto Visible-Invisible, el dragón ejerce su infinito poder de fascinación… A la vez visible e invisible así es el inagotable encanto de la naturaleza. Para captarlo hay que utilizar la Concentración-Dilución y el Vacío-Lleno del Pincel-Tinta.

El pincel debe ser riguroso y evitar, ante todo, la banalidad. La Tinta debe ser variada, y rehuir la obviedad.
No hay que olvidar que el Misterio de Mil montañas y Diez Mil valles reside en las ocultas curvas y en las junturas secretas. “



  -   Ding Gao ( 1740-1818)

 “ Como además hay Yin en el Yang y Yang en el Yin, en el Pincel también debe haber Vacío en lo Lleno y Lleno en lo Vacío”


  -          Huang Binhong ( 1865-1955)

“ Cuando pintaban los maestros de la Antigüedad concentraban sus esfuerzos en el espacio donde Pincel y Tinta están ausentes. Esto es lo más difícil. “ Consciencia del Blanco,  contención del Negro”, he aquí la única vía para acceder al misterio”.



-          Jorge Luis Borges  “ Otras Inquisiciones”

“ (…) La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo. Esta inminencia de una revelación, que no se produce es, quizá, el hecho estético”



         - Bu Yantu

“ Cuando opera el poder divino, el Pincel-Tinta alcanza la vacuidad. Entonces hay Pincel más allá del Pincel y Tinta más allá de la Tinta”

  
  -          Zheng Sie ( 1693-1766)
         
“ El cuadro está sobre el papel, ciertamente; también está fuera del papel “


       -  Jiang  He  ( + 376 d. C.)

" El encanto de lo lleno sólo se revela con el vacío. Tres décimas partes de la calidad de un cuadro residen en la apropiada disposición del cielo y de la tierra , y siete décimas partes, en la presencia discontinua de las nieblas y vapores ".



Enciclopedia Británica


“ La historia del kintsugi ( en japonés carpintería de oro) se remonta a finales del siglo XV cuando el shogun , Ahikaga Yoshimasa envió a China para ser reparados, dos de sus tazones de té favoritos. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que los volvían toscos y desagradables a la vista. El resultado no fue de su agrado, así que buscó artesanos japoneses que hicieran una mejor restauración, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas.

Los tazones recompuestos con un hilo de oro alcanzaron, en el mercado suntuario del período Edo, con el tiempo, mayor valor aún que los originales".

" Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse, en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia “.






( Las citas están extraídas en general de François Cheng, " Vacío y plenitud" y " Cinco ensayos sobre la belleza", eds.                Siruela.
  Vid. también    J.L. Borges     Otras inquisiciones       Buenos Aires, 1952.
          J. Roger Riviere     El arte de la China   en Summa Artis   vol. XX )



jueves, 8 de febrero de 2018

La biblioteca de la fragata Erebus




          - De Cuaderno de Guarda, Antonio de Andrada.


" Fotografías antiguas de la casa de Guimaraes. Cartas de los abuelos, postales de La Habana, unos retratos de familia con los marcos dorados... Como un mensajero retardado nos rodeamos estos días de un paisaje al que accedimos sin darnos cuenta en la casa de los bisabuelos y ahora retorna en la forma de un correo tardío.

Es un paisaje del siglo XIX que por un raro azar, o quién sabe, regresa estos días.

La retórica y el adorno cubren todas estas cosas - como el delito moderno que en su día denunciara Adolf Loos, los demás luego. Todo está adornado en él. Si clasificamos fotografías de la familia, éstas siempre vienen con marcos ornados. En una de ellas, incluso, la tía Mafalda surge debajo de unas columnas doradas. En otra, la bisabuela Graça nos contempla severa y con un raro tocado dentro de un inmenso marco de ebanistería, salpicado con conchas de marfil. Un pariente lejano sobrevive bajo un frontón dórico, con unos oscuros triglifos en las esquinas.

Todos están vestidos para la fotografía. Las placas exhiben su nombre, su condición social.

Siempre ocurre así en las fotografías de la época. En una serie que recuerdo ahora, anónima, sobre antiguos pescadores en la isla de Madeira, los lugareños se retrataban con los mejores atavíos del oficio. En un libro de Laurent sobre las tierras de Castilla aparecen los cofrades de la ciudad de Segovia con las capas tradicionales de la corporación. Hay unos esquiladores con zahones de pastor. Un capitán de caballería con las botas de doma, los galones del Cuerpo. Un canónigo, hierático, se fotografía a la puerta de la catedral con sobrepelliz, capa magna, roquete...  En un repertorio sobre la carteé de visite en Francia e Inglaterra las familias acuden al estudio con las mejores ropas. Éstas se corresponden a su imagen social, la recuerdan, la proclaman.

Siempre miran a la cámara de frente. La fotografía exhibe, no vela.

Nos llegan ahora, también, ajuares bordados con las iniciales de su dueña, cubiertos con firma, una vajilla con el anagrama de la familia... Un vecino nos mostró otra tarde, orgulloso, unas sillas de montar antiguas de sus abuelos. Tenían todas, mohosas, comida la zalea, el hierro, la marca de su casa.

Cometen, todos los objetos, dos delitos. Uno es el del ornamento. Otro el del signo, la marca familiar y social. La vanguardia había prescrito también la anécdota, todo patetismo, la memoria. La característica de todas estas cosas que nos vuelven ahora desde el siglo anterior, es una suerte de continuo emblema, que hace alusión a su elaborada presentación. De un tiempo minucioso y aún retórico.



En la descripción que leo estos días del desdichado naufragio de la travesía de sir John Franklin en busca del anhelado Paso del Noroeste, los narradores cuentan de los numerosos errores que se hubieron de cometer en tan aciaga expedición.

Entre ellos, y no es el menor, figura el que, en lugar de los imprescindibles víveres o medicinas, se hubiera embarcado una cantidad desorbitada de vajillas, mantelerías y juegos de té que, añade el narrador, "resultaron completamente innecesarios".

La narración abunda en detalles. Resumida, la minuciosa investigación posterior cuenta cómo en el invierno de 1845 la expedición de Franklin quedó atrapada por los hielos en el Estrecho Victoria, cerca de la isla del rey Guillermo. Había zarpado el año anterior del puerto de Greenhite en Inglaterra en busca del anhelado Paso del Noroeste, que nunca encontrarían. " La última vez que fue vista la expedición fue a principios de agosto de 1845, cuando el capitán Dannet del ballenero Prince of Wales encontró al Erebus y al Terror en la bahía de Baffin. Los barcos de Franklin estaban allí a la espera de condiciones metereológicas favorables para entrar en el Estrecho de Lancaster" .

Entre los preparativos de la expedición, se nos dice, figuraba una copiosa biblioteca con ediciones particularmente elegidas. " Cada barco llevaba una biblioteca con más de 1000 volúmenes " , cuenta la crónica de los preparativos en Inglaterra. Además de las incontables vajillas, cuberterías y juegos de té, absolutamente innecesarias al decir de las mismas fuentes.

Tras la desaparición de los barcos se emprendieron más tarde varias expediciones en su búsqueda, difíciles e infructuosas, como es sabido. En las notas de una de aquéllas, se advertía que en un bote abandonado en el extremo de la isla del rey Guillermo,  " se encontraron botas, pañuelos de seda, jabón perfumado, esponjas, zapatillas, peines y muchos libros, entre ellos una copia de El vicario de Wakefield."  Ninguno de los tripulantes de la desdichada travesía  fue hallado con vida.

Fascinación de la retórica y el rito. Cuando lo advierto pienso en la fascinación de una expedición en pleno siglo XIX que aún encuentra necesario, además de establecer de una vez por todas la existencia del mítico Paso del Norte - existencia que, de pasada, no contribuyó a revelar - aquello que encuentra imprescindible para la vida humana. Esto es, la cubertería, las cucharillas de plata, los manteles, las iniciales en las vajillas y en los juegos de té. La retórica de la vida, en suma, en un siglo que todavía no había aprendido a despreciarla.

A despecho del narrador, seguimos pensando que, en efecto, las vajillas eran imprescindibles. La muerte de todos los tripulantes no refuta su necesidad ".


                 - De Antonio de Andrada    Cuaderno de Guarda   eds. Portalegre, 2005.





martes, 9 de enero de 2018

Relación de las cosas del mundo




"   Vida animal.

4.1  Según su nacimiento, los animales pueden dividirse en: los nacidos a partir de fetos ( que son los animales que tienen nueve orificios), los nacidos a partir de huevos ( que son los de ocho orificios, como las tortugas y los de su clase), y finalmente los que nacen de huevos incubados.

4. 2   Las águilas pescadoras son un tipo de ave que se preña con sólo mirarse con un macho. Pero según otra opinión, es al responder al graznido del macho cuando se quedan preñadas, siempre que los emita en la misma dirección del viento.

(...)  4.7   Que hagan las urracas sus nidos con la boca dando la espalda a la estrella Taisui no puede ser por conocimientos aprendidos, sino por instinto.

4.8   Los faisanes son unas aves que tienen una larguísima cola y que, cuando ha nevado, por temor a estropeársela, se quedan posados en las copas de los árboles sin atreverse a bajar por la comida; de ahí que muchos mueran por inanición.

4. 9   Los guan son un tipo de ave acuática. En época de incubación, muchas meten los huevos en el agua, huevos que, al no flotar, permanecen en el fondo, Allí los rodean y los cubren con guijarros de de mispíquel para caldearlos. Por eso los fangshi ( magos) se han fijado en los guijarros de mispíquel en los nidos de las guan ( cigüeñas ). Los faisanes por su parte son unas aves de muy hermoso plumaje; les gusta tanto su propio aspecto que se pasan días enteros mirándose en las aguas; de ahí que muchas acaben viendo borroso, cayéndose al agua y ahogándose.

4.10   Las tortugas de tres mil años suelen anidar en las hojas de los lotos y andar retozando sobre hojitas de abrojo.

4.11 a   Existe cierto tipo de de serpientes prodigiosas que pueden rejuntarse aunque hayan sido fragmentadas.

4. 13   Según el libro Zhou guan, " ni los tejones van más allá del río Wen ni los martines cresta más allá del río Ji". De ahí que se anote como extraño ( en el libro Chun Qiu ) que haya martines de cresta anidando en el reino de Lu.

4. 14   Si los naranjos que son plantados más al norte del río Nan se vuelven naranjos espinosos, ¿ cómo es que en la zona este del río Azul hay actualmente tanto naranjos como naranjos espinosos ?  (...) ".


               - De    Zhang Gua   ( 232- 300)     Relación  de las cosas del mundo




miércoles, 20 de diciembre de 2017

El Mar del Norte



Horacio ( a Tiberio) .

" A ti el Nilo y su oscura fuente admira. / Hister y el veloz Tigris y el Océano /  plagado de monstruos que aturde / a los britanos con sus fragores ..."

     - Carm. IV  14, 45-48 )

" Y surcan con sus pataches, aventurándose a largas distancias, una mar agitada por los Notos y el abismo de un océano plagado de endriagos"

   - Avieno, Ora marítima,   s. IV a. C.


" después el cabo Cinético, por donde se produce la caída de la luz sideral, irguiéndose altivo como último bastión de la rica Europa, cuando ésta se precipita en las olas del océano poblado de monstruos "

   - Avieno, o. cit.


" ( El Mar del Norte )  un mar sin límites se extiende al norte y a al oeste, ningún navegante ha osado  atravesarlo porque la atmósfera es tétrica y brumosa, y los vientos desfavorables: en algunos lugares está cubierto de juncos . Está lleno de monstruos marinos que espantan a los navegantes, obligándoles a retornar"

   -   Avieno


" Una tierra de niebla y penumbra (...) Más allá de la cual se encuentra el mar de la muerte, donde comienza el infierno"

     - Homero  , Iliada  

" Tehra, jefe de los Fomoré , vencido en la batalla de Mag- Tured, se convierte en rey de los muertos, en la región misteriosa que habitan más allá del océano "

    - H. d´Arbois de Jubainville


" Los celtas siempre representaron el otro mundo y el más allá maravillosos de los navegantes irlandeses en forma de islas localizadas al oeste ( o al norte) del mundo ".

       - Diccionario de símbolos,   Barcelona 1986, pg. 596


" Pomponio Mela describe los actos de nueve sacerdotisas ( antistites ) que residían en una isla, lejos de Bretaña, tan interesantes como el oráculo de una divinidad gala "

      - E. O. James     Historia de las religiones


" Algunos dioses abandonaron el suelo de la isla y se retiraron a un país llamado Meg Meld, más allá de los mares de Occidente "
       - o. cit.


" Polibio recoge la opinión de Estrabón cuando afirma que " no existe nada más allá de Yerne (Irlanda) ".

" Procopio de Cesárea que en el siglo VI narraba cómo en aquellos tiempos aún se creía que la tierra de la muerte se situaba al oeste de la isla de Gran Bretaña".



         - F. J. Gómez Espelosín      Geografie fantastiche nella Grecia antica         Roma, 2010





                                                                 ( fot. Ángeles San José)




domingo, 19 de noviembre de 2017

Costa de Aveiro






" (...) El hotel en el que nos alojamos está situado en un paraje un tanto aislado, cercano a los edificios del puerto comercial. Una amplia avenida donde cargan los camiones de transporte sobre el pequeño puerto pesquero en el extremo de la ría. He pasado la mañana recorriendo las playas desiertas, en los bordes del Atlántico. Llegaba un aire frío, constante, del lado del mar.

Tuve la sensación del mar inmenso, el océano gris que se abría en esta costa airada y no cesaba hasta las remotas, lejanas costas de América, ignoradas desde aquí. En un tiempo el océano era la puerta del abismo. "Más allá no hay nada" , se afirmaba. Un extenso manto de espuma blanca llegaba hasta la playa. En el mar no se veía nada: ningún barco, ninguna vela. En una terraza situada sobre las dunas, al abrigo del viento, me siento luego a leer un rato el Fernando Pessoa clásico, el de las Odas de Ricardo Reis, que he traído conmigo. Es una lectura de los límites, de la serenidad estoica de un clasicismo que se había perdido tanto tiempo atrás, y se conservaba en la dignidad - y cierta resignación melancólica - de un personaje aún sujeto a los antiguos dioses, médico en la colonia, como es el Reis que nos dibuja Pessoa.

Resulta una grata, atenta lectura en la mañana airada en el escondido bar sobre la playa. Pienso después que nunca lo voy a volver a leer así, como en el breve momento en la playa da Vaqueira, esta jornada tormentosa. Más tarde sigo recorriendo las carreteras de la costa. La lengua de tierra que se adentra desde el puerto la divide en dos. Dentro, el paisaje sereno de la ría, las playas de fango, los huertos de maíz, unas casetas de labor abandonadas. Al otro lado, más allá de las dunas, el mar abierto, el océano airado, piélago " plagado de monstruos" como lo nombrara el poeta clásico.




Hay, inmediato al ventoso escenario del mar y las dunas y las playas desiertas, otro diferente, que le agrada a F. cuando lo cruzamos. Es el del paseo marítimo de Costa Nova, a este lado de la ría, bajo la ciudad de Aveiro. En él se alinean unas casas de veraneo antiguas, las fachadas de colores, unos patios estrechos frente a la calle con sillas, un canapé de madera descolorido. Vemos luego a un viejo solitario que se sienta en una escalera a  la caída de la mañana.

(...) Por la noche vamos a cenar a un restaurante tradicional del lugar, que se encuentra en una de las casas bajas del paseo. Ya no cruza nadie por él. El local, apenas iluminado desde afuera, es un comedor silencioso, con dos o tres mesas ocupadas, que apenas hablan entre sí. Tiene el aire de lo detenido hace mucho tiempo. Nos dan una mesa al lado de la ventana, frente a la bahía.

Traen la comida en silencio, también. La frasca de vino, los manteles blancos, el pan oscuro. La cena - anguilas de la ría - es muy buena, por otro lado. Sentados bajo la ventana, pienso que es un lugar de invierno, independientemente de la fecha en que vamos. De un invierno tradicional, monótono y sin sobresaltos. Los comensales, escasos, acudirán aquí a la caída de la tarde. Llueve a ratos. Luego, a la salida, no habrá nadie en el pueblo, no cruzará ya nadie por la calle, apenas iluminada frente a las remotas luces de Aveiro a lo lejos, al otro lado de las arenas de fango.

Recordé entonces una cena en un lugar similar, hace años, con M. Era una taberna de Sagres: las mismas mesas, el mismo vino, oscuro y agrio, el mismo silencio sin sorpresas alrededor... Al regreso del viaje a la costa del cabo de San Vicente intenté escribir un relato sobre el lugar, la penumbra del local, la sensación del invierno en pleno verano. Que nunca pude terminar, imposibilitado de avanzar en la descripción de unos acontecimientos, mínimos, que en realidad pertenecían al primer instante (...) "


              -  De    Eugenio de Andrada      Cuaderno de Guarda     ed.  Portalegre, 2006.




martes, 10 de octubre de 2017

Del valor de los libros raros




 Me había ocurrido ya en cierta ocasión.

Acuciado por la necesidad de desprenderme de parte de las prolijas carpetas y cajas de libros de una casa de la que nos trasladábamos, había avisado a un librero conocido mío para que viniera a verlas, en la incierta seguridad de que aquéllas guardaran todavía cierto valor.

Una historia ya pasada de los años en que todo era celebrado - y publicado - las envolvía aún. Y yo pensaba en la rareza de muchas de ellas, y el exótico prestigio que a alguna de aquellas ediciones había rodeado en su momento.




Varias habían sido, en su día, ciertamente difícil conseguirlas. Alguna era una edición insólita, de autor no menos raro. Para la colección de  Entregas de la Ventura, que publicara en su día Valentín Zapatero con la colaboración de Andrés Trapiello y Quico Rivas, había tenido que acudir personalmente a la casa del editor - que falleció al poco - , convencerle para que me cediera varios de los ejemplares, mínimos y  cuidadosamente diseñados, que estaba publicando, y regresar satisfecho a mi estudio con aquellos insólitos Francisco Pino, Miguel Sánchez Ostiz, César González Ruano, Koldo Artieda o Juan Manuel Bonet... Estaba  también el legendario "Aprender a nadar" de Carlos Alcolea, que había publicado Quico Rivas en una precaria edición - bien es verdad que este último libro, solicitado por los círculos de iniciados en su momento, aparecía ya con frecuencia en los estantes de la Cuesta Moyano a precio de saldo. No menos rara había sido la edición de las Figuras de definición de Juan Navarro Baldeweg en la misma colección, con textos de Patricio Bulnes. Estaban los cuadernos de dibujo de Luis Gordillo o los diseños de Miquel Navarro, que había publicado en una edición limitada - y sólo accesible a los conocidos del editor - el crítico Mariano Navarro. Una selección de poemas del escurridizo Lasso de la Vega, reunidos por Juan Manuel Bonet . Otra colección de ejemplares de la Editora Nacional, dirigida por el visionario Javier  Ruiz, entre la que figuraba un memorable tratado sobre La Cueva de Hércules de Toledo. Y otro no menos memorable libro de Ignacio Gómez de Liaño sobre " Los plomos del Sacromonte". Sin contar con la edición de los " Tratados y Canones" del hereje Prisciliano, que a los que aún no habíamos alcanzado los centones de don Marcelino nos supo a primera iniciación heterodoxa. Paul Morand o Rafael Sánchez Mazas , Marcelin Pleynet o Joan Perucho, entre otros, eran los nombres de aquellas ediciones heroicas, que , repetidas en ocasiones, se guardaban allí.



Y más rarezas de ese corte... Pero sobre todo cuando avisé a Manolo, el librero de lance, el cual poseía absolutamente todo sobre la literatura de aquellas décadas pasadas, pensaba en una suerte de repertorio de catálogos de exposiciones, folletos de galería de arte, ediciones de artista de la época. Y por encima de todo, de revistas literarias en unos años en los que éstas proliferaron - ignoro por qué rara benevolencia económica - y constituían una suerte de escenografía del entusiasmo de aquellos años.



Le enseñé a Manolo la colección completa de los cuatro números del Comercial de la Pintura, la revista que publicaron Ángel González y Juan Manuel Bonet, en donde entre otros había colaborado ya, con un artículo disidente sobre la pintura de los 90, José Luis Brea - y en donde aparecía un texto del primero  sobre Matisse que aún recuerdo. Había números sueltos de la revista Poesía, la excelente publicación que dirigiera Gonzalo Armero - con la colaboración de Chiqui Abril, entre otros. Ejemplares de la revista Buades, de aura célebre en aquellos años, y que sólo se adquiría en la propia galería - o en algún otro remoto lugar similar. Ejemplares de La Luna, El Paseante o El Europeo - que no me interesaban nada ya. Quites, editada con primor por la Diputación de Valencia, había publicado algún artículo excelente de Francisco Brines, Juan Luis Panero o Ramón Gaya. De la sevillana Separata - que sí me interesaban. De Dezine - de portada coloreada y estética  neo-pop, con cardados en el pelo al modo de los B-52. De Flash Art, Art in America  o Parkett - de ésta última sólo quería desprenderme de los ejemplares repetidos. Catálogos de la galería Juana Mordó , Vandrés, Fernando Vijande, la Máquina Española, La Central o Seiquer; alguno raro de la tempranamente extinta galería de Manolo Montenegro; ediciones de autor de Dis Berlin, Ferrán García Sevilla, Soledad Sevilla o Manolo Quejido... O unos raros números editados como fotocopias o en ciclostil de revistas universitarias como Miraguano - de la Universidad Autónoma - City Lights u otros varios, cuyo nombre ya no recordaba...


 Había apartado en cajas los ejemplares de los que quería desprenderme y se las mostré a Manolo. Las miró sin mucho interés. Conocía todo lo que contenían.

- ¿ Y qué quieres que haga con todo esto? - preguntó al rato.
- Pues quedártelas. Decirme lo que valen.
- No me puedo llevar ninguna. Tengo el almacén lleno y de esto ya no se vende nada.

Pasamos luego a hablar de otros asuntos, y de antiguos conocidos. El pintor X, me contó, le había pedido que editara en su librería una plaquette con textos y dibujos, que había diseñado él personalmente. Al cabo del tiempo se había llevado la edición íntegra a su casa - excepto los ejemplares que regaló. A nadie le interesaban ya estas cosas, me explicó. Yo recordaba haber visto en tiempos en los saldos del Vips de Serrano alguna de aquellas ediciones.

Curiosa sensación la del valor y su pérdida, pensé luego. Lo que en otro momento hubiera sido un repertorio de un cierto precio, coloreado en algún caso de una rara leyenda, se había volatilizado. Y el valor de las cosas, su intangible estatuto, demostraba así, una vez más, su fragilidad.


El coleccionismo bibliófilo , me había señalado alguien en cierto momento, tiene siempre algo de melancólico. Sustituye una totalidad pérdida e inalcanzable - la de la lectura inmediata - por el recurso metonímico a una parte del mismo, que almacena nombres, fechas y primeras ediciones en su lugar... En otra ocasión posterior, con motivo de un nuevo traslado - el de la biblioteca familiar, voluminosa y con ejemplares de cierto valor bibliófilo, al lado del secreto valor sentimental de otros - al desmontar las estanterías descubrí que en la pared de detrás de las mismas, entre el polvo que los años había acumulado, se escondían, apoyados sobre la pared y detrás de unas tablas, dos breves libros manchados de pelusa y suciedad. Los recogí, para descubrir entonces que uno de ellos era la primera edición de los Trois Poêmes de Guerre  de Paul Claudel, en la editorial de la Nouvelle Revue Française. El otro era también la primera edición en libro del Mallarmé Un Coup de Dés Jamais N´Abolira Le Hasard de la misma editorial, de 1914. Llevaban allí, inadvertidos, desde hacía quién sabe cuánto tiempo. Y hubieran  podido seguir ya para siempre perdidos, si, en el último momento, alguien no me hubiera avisado de su presencia polvorienta y esquinada.

El valor es efímero, e intangible, advertí de nuevo. Un gesto, un nuevo olvido, bastan para que se desvanezca, otra vez.




lunes, 9 de octubre de 2017

Desde la Torre de Juan Abad







Soneto

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos,
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injuria de los años vengadora,
libra, ¡ oh gran don Joseph!, docta la imprenta .

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.



    Francisco de Quevedo  

   ( Parnaso español, 1648, núm. 115)



El tiempo suspendido

D e entre todos los relatos en los que aparece el tema del tiempo mágico quizás el más conocido sea el Cuento XI del libro de...

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